“Algún día América tendrá una voz de continente, una voz de pueblo unido. Una voz que será respetada y oída; porque será la voz de pueblos dueños de su propio destino”
Salvador Allende.
La desigualdad de nuestro país alcanza los primeros lugares a nivel mundial. El crecimiento económico, el éxito empresarial y las ganancias que año a año acumulan los diversos grupos económicos no se traducen en mejoras para el pueblo, y estas cifras que en papel resultan tan positivas simplemente son invisibles para la mayoría de la población. Mientras los poderosos avanzan, vemos cada día como aumentan nuestras deudas, como obligatoriamente debemos cotizar más en diversas instituciones que lucran y especulan con nuestros sueldos y como, entre otras cosas, nuestra vida se ve absorbida por el mercado. Nuestra tierra y nuestra naturaleza son usurpadas y arruinadas, intervenidas solo para el beneficio empresarial. En nuestro país ya no hay derechos, todos se han convertido en un negocio, en una mercancía más por la que debemos pagar.

El Chile en el que los privilegios se encuentran reservados para una casta minoritaria ya no da para más. Tras décadas del modelo neoliberal, resulta cada vez más evidente para las y los trabajadores y sus familias que el bienestar y el desarrollo prometido no era para todos, sino para unos pocos, y que no van a llegar a los sectores populares mientras no seamos nosotros, pobladores y pobladoras, estudiantes, mujeres y trabajadores quienes dirijamos los destinos este país. El descontento frente a los constantes y cada vez más profundos abusos del sistema ha ido creciendo en los últimos años, lo que ha determinado que diversos movimientos sociales hayan llenado las calles, movilizándose por la recuperación de los derechos que nos fueron arrebatados y cuestionando de diferentes formas, directa e indirectamente, el modelo neoliberal heredado de la dictadura. Pero esto aun sigue estando acotado a una franja del pueblo organizado, planteando la tarea de construir mayorías radicales para producir los cambios que Chile necesita.

Nuestra lucha es por un Chile digno y que asegure los derechos sociales para las grandes mayorías. Un Chile que recupere sus riquezas naturales y que respete el medioambiente. Un Chile en el que envejecer no sea una preocupación y en el que posibilidad de acceder a la educación, la salud y la vivienda y su calidad no dependan del dinero que cada uno tenga en el bolsillo. Un país en el que el trabajo sea justamente recompensado y que se desarrolle en condiciones dignas. Un país en el que la riqueza no sea acumulada en el bolsillo de unos pocos. Para todo ello, es indispensable redactar entre todas y todos una constitución por medio de una asamblea constituyente, acabando con la herencia dictatorial desde la raíz.
La única posibilidad real de lograr todo esto, es a través de la unidad, organización y movilización de todos los sectores que luchan y se organizan desde, por y para los intereses populares. Necesitamos construir una alternativa donde el protagonismo lo tengan las y los pobladores, los trabajadores, las mujeres, los sectores populares y los sectores medios empobrecidos, es decir, donde las y los protagonistas seamos el pueblo libre. Un instrumento político al servicio de estas luchas, desde los territorios, las organizaciones y los movimientos sociales, un instrumento que aúne estas luchas en la calle, pero también en lo institucional. Es hora de dejar atrás los sectarismos, y volcarnos de lleno a trabajar y organizarnos por transformar Chile.
¡Entre todas y todos, a conquistar la Vida Buena!.
A construir Pueblo Libre
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